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Productividad Personal Edición 2022: Reflexiones Día 7

| tiempo de lectura 3:06'
Productividad Personal Edición 2022

En este séptimo post de la serie Productividad Personal Edición 2022 voy a compartir contigo mis reflexiones sobre un capítulo clave, no solo del libro, sino para la mejora de la efectividad: el valor de las palabras en la productividad personal.

Como digo en el libro, a menudo infravaloramos la importancia del lenguaje cuando hablamos de efectividad personal.

Considero que todo lo que escribí en este capítulo sigue siendo plenamente válido, por lo que lo mantendría tal cual.

Sin embargo, ahora echo en falta una nota de aviso sobre hasta qué punto el lenguaje juega en nuestra contra al aprender GTD.

Digo esto porque, en mi opinión, una de las causas principales por las que el éxito de GTD —entendido como mayor alcance y adopción de la metodología— no ha sido aún mayor, es precisamente la utilización poco afortunada que Allen hace del lenguaje.

Y cuando digo poco afortunada me refiero concretamente a lo que considero una serie de errores pedagógicos graves.

Muchas palabras en GTD no son lo que parecen

Uno de estos errores pedagógicos graves es elegir nombres poco o nada acertados para los conceptos.

Me explico. Cuando se inventa un concepto y hay que nombrarlo, existen dos buenas prácticas entre las que elegir.

La primera de ellas es inventar un nuevo nombre para ese nuevo concepto. La segunda es dejarlo sin nombrar para que cada persona —una vez entendido su significado— le ponga el nombre que ella considere más representativo.

El resto son malas prácticas. Por ejemplo, una mala práctica es ponerle un nombre que ya está en uso. Otra práctica aún peor es ponerle un nombre que no solo ya se está utilizando, sino que además se utiliza de manera frecuente y generalizada.

Y la peor de todas las prácticas es que la palabra elegida, además de usarse de manera frecuente y generalizada, sea encima semánticamente próxima al nuevo concepto.

Sí, lo has adivinado, me estoy refiriendo al famoso concepto «proyecto» de GTD.

La desafortunada elección de esta palabra da lugar a que prácticamente nadie entienda el concepto a la primera o, peor aún, a que lo entienda mal. Y, lo que es todavía más preocupante, que haya personas que nunca lleguen a entenderlo.

En esta misma línea tenemos unos supuestos 5 pasos que en realidad no son pasos, ya que cada «paso» se hace en momentos distintos, con frecuencias distintas y finalidades distintas.

O los supuestos pasos de Aclarar y Organizar, que en realidad se refieren a una misma actividad con dos componentes, uno mental y otro físico, que siempre ocurren consecutivamente.

Eso sin olvidar el modelo de 6 niveles donde ni todos ellos son niveles, ni abarcan el mismo tipo de elementos, ni tienen la misma utilidad ni el mismo fin. Hay más ejemplos, pero creo que con estos sobra.

El propósito de explicar es que se entienda

Y si las elecciones desacertadas que acabo de mencionar guardan relación con lo que es el diseño y la estructura de la metodología, es decir, los conceptos y sus relaciones, algo parecido ocurre con la didáctica de GTD.

Por didáctica me refiero a todos los materiales creados para acercar la metodología a las personas: libros, formaciones, videos, etc.

Si has leído algo de Allen o le has visto en algún video, ya sabes a qué me refiero. Sin entrar en más valoraciones, dudo que mucha gente califique su estilo de comunicación como claro, sencillo y directo.

Tanto este punto como el anterior son ejemplos perfectos de la importancia de las palabras en efectividad personal.

Las palabras hay que elegirlas con cariño, intención y cuidado para que transmitan lo que queremos transmitir facilitando su comprensión a otras personas y minimizando el riesgo de que las malinterpreten.

Cuando esto no ocurre, estamos obstaculizando la comunicación y, en su caso, el aprendizaje.

Por ejemplo, si al estilo entre rebuscado y tortuoso de Allen le unimos la elección de conceptos poco afortunados y un diseño con diversas incoherencias, nos encontramos con que GTD es una manera extremadamente complicada de explicar un conjunto de principios universales de efectividad extremadamente sencillos.

Piénsalo por un momento: ¿imaginas el alcance e impacto que podría haber llegado a tener GTD sin todos estos obstáculos?

Y esto es todo por ahora. Espero que esta reflexión te haya resultado útil. En un próximo post de la serie continuaremos a partir del capítulo 16.

Comentarios

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Irene


Estoy totalmente de acuerdo con esto, para acercarse a GTD hay que tener la mente muy abierta a desaprender no solo hábitos, sino también términos y significados. Con lo que nos cuesta a las personas una forma de pensar consolidada...

Además, usar lenguaje muy específico a GTD hace que las personas más principiantes vean la metodología como algo aún más lejano y no puedan aprovechar los recursos que hay disponibles.

Me pregunto si podremos cambiar esa tendencia 🤔

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José Miguel Bolívar


Algo habrá que hacer ;-)

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