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Los tipos de preguntas y la efectividad

| tiempo de lectura 4:50'
Interrogantes variados como ejemplo de los tipos de preguntas y la efectividad

Hay una relación directa entre los tipos de preguntas y la efectividad que consigues con ellas. Por un motivo sencillo de entender.

La perspectiva guarda relación con el grado de claridad a la hora de elegir con confianza qué hacer y qué no hacer en cada momento, lo que en GTD® se conoce como Ejecutar.

El grado de confianza al elegir está condicionado, sobre todo, por lo bien o lo mal informada que esté tu intuición.

Una intuición bien informada hará mejores elecciones, mientras que una intuición mal informada las hará peores.

Algo parecido ocurre con las decisiones previas que tomas sobre qué hacer y qué no hacer con los elementos que van llegando a tu vida, lo que en GTD se conoce como Aclarar.

Igual que ocurre con las elecciones intuitivas, la calidad de tus decisiones está fuertemente condicionada por la calidad de la información que utilizas para decidir.

La calidad de esta información depende en gran medida de que se cumpla el principio de cooperación de Grice, pero depende tanto o más de la calidad de las preguntas que haces para obtenerla.

Tus preguntas expresan tu efectividad

La pregunta es la herramienta de trabajo más potente que existe para el trabajo del conocimiento, mucho más que cualquier tecnología.

Hay muchos tipos de preguntas y, exceptuando uno de ellos (las preguntas estúpidas), todos los demás son útiles si se utilizan en el momento adecuado.

Que exista esta variedad de opciones hace que saber elegir el tipo y la pregunta adecuados para cada momento pueda resultar inicialmente complejo.

Esta complejidad implica que, para saber preguntar bien, necesitas un entrenamiento previo.

De hecho, saber utilizar los tipos de preguntas adecuadas es, más que una técnica, un arte.

Y, como todo arte, su dominio requiere atención y práctica, lo que da lugar a que pocas personas lo dominen. Si sabes por qué tienes que aprender a pensar, también sabrás por qué digo esto.

Por eso, una persona que utiliza sistemáticamente los tipos de preguntas adecuadas está evidenciando que ha trabajado a fondo la mejora de su efectividad personal.

Asimismo, si generalmente utiliza los tipos de preguntas inadecuadas, está evidenciando que aún le queda un largo recorrido en el camino para mejorar su efectividad.

Preguntas abiertas y cerradas

Las preguntas abiertas permiten un gran número de respuestas, mientras que las preguntas cerradas sólo permiten un número limitado de ellas.

Por ejemplo, ¿qué te apetece para cenar? es una pregunta abierta mientras que ¿te apetece pollo para cenar? es una pregunta cerrada.

Las preguntas abiertas son sobre todo útiles para explorar y analizar. Las utilizas cuando lo que buscas es cantidad de información.

Las preguntas cerradas son útiles para descartar opciones, tomar decisiones y/o avanzar. Las utilizas cuando buscas precisión.

Las preguntas abiertas y cerradas ni son buenas ni son malas, todo depende de cómo las utilices.

Hay personas que casi siempre hacen preguntas abiertas y otras que casi siempre hacen preguntas cerradas. Ambos comportamientos son poco efectivos.

Lo efectivo es utilizar los tipos de preguntas adecuadas en cada momento y, para ello, la buena práctica es tener claro el propósito de tus preguntas antes de preguntar.

¿Necesitas averiguar lo máximo posible sobre algo o simplemente confirmar o descartar algo?

Paradójicamente, las personas que tienden a hacer siempre preguntas cerradas suelen ser las que más necesitan aprender a responder preguntas cerradas.

El motivo es que, tanto para hacer preguntas abiertas como para responder a preguntas cerradas, hay que pensar.

Una persona que utiliza mal las preguntas abiertas y cerradas siempre tendrá una perspectiva incompleta sobre sus asuntos, porque le faltará o sobrará información.

Preguntas sobre qués y sobre cómos

Las preguntas sobre qués son más conceptuales y estratégicas. Las preguntas sobre cómos son más operativas y tácticas.

Al igual que en el caso anterior, ambas pueden ser útiles o inútiles, según se utilicen o no de manera adecuada.

Normalmente, las preguntas sobre qués suelen tener sentido antes que las preguntas sobre cómos, ya que los qués suelen ser más generales y los cómos más específicos.

Cuando una persona rara vez hace preguntas sobre qués, evidencia falta de visión estratégica; es una burócrata o una micro-gestora.

Cuando una persona rara vez hace preguntas sobre cómos, evidencia falta de sentido práctico; es una teórica o una visionaria.

En ambos casos, su efectividad será mediocre, ya que tampoco logrará tener una perspectiva completa sobre sus asuntos.

Preguntas sobre porqués y para qués

Las preguntas sobre porqués buscan motivos, justificaciones o excusas. Las preguntas sobre para qués, también.

La diferencia es que las primeras lo hacen a posteriori mientras que las segundas lo hacen a priori.

Las preguntas sobre porqués suelen ser poco útiles porque son acerca de hechos pasados que ya no tienen vuelta atrás.

Por el contrario, las preguntas sobre para qués son muy útiles porque están orientadas a la consecución de resultados futuros.

Una persona que siempre pregunta sobre porqués nos está diciendo que presta más atención al pasado que al futuro. Suelen ser personas impulsivas que primero hacen y luego piensan.

Una persona que siempre pregunta sobre los para qués nos está diciendo que está orientada al futuro. Suelen ser personas reflexivas que primero piensan y luego hacen.

Preguntas inteligentes y estúpidas

Las preguntas inteligentes permiten obtener el máximo de información útil y relevante con el mínimo esfuerzo por parte de quién pregunta y de quién responde.

Las preguntas estúpidas no generan ningún tipo de información y hacen perder el tiempo a quién pregunta y a quién responde.

Imagina este diálogo:

—Oye, está diluviando y no encuentro mi paraguas, ¿lo has visto por ahí?

—No, ¿por qué lo preguntas? ¿lo necesitas?

Las dos últimas preguntas son ejemplos típicos de preguntas estúpidas.

Todas las personas hacemos preguntas estúpidas en algún momento. Estas preguntas las genera nuestro Sistema 1 cuando opera en modo «piloto automático».

Las preguntas estúpidas son normales cuando hay cansancio mental o no se está prestando atención a la conversación. También lo son cuando estamos en una situación de estrés.

Son mucho menos normales, incluso preocupantes, cuando obedecen a algún tipo de problema psicológico, como la ansiedad crónica, la falta de autoestima o las obsesiones.

Las preguntas inteligentes son el tipo de preguntas más efectivas. También son las que exigen un mayor esfuerzo mental, ya que hay que pensar bien qué información se desea obtener antes de hacerlas.

Las preguntas estúpidas son, por desgracia, las más habituales y dan lugar a rework, problemas en las relaciones interpersonales y frustración.

Como ves, los tipos de preguntas y la efectividad son todo un mundo que ofrece enormes posibilidades.  ¿Qué vas a hacer tú distinto a partir de ahora para aprovecharlas?

Comentarios

Raül avatar
Raül


Fantástico artículo José Miguel.
Necesitamos ser conscientes del propósito (los para qués) de todas nuestras acciones, incluidas las preguntas. Este propósito nos encamina hacía la efectividad en los qués, y los cómos. Los porqués también nos pueden ayudar a mejorar (aprender de los errores y/o entender otras posturas).
Debemos combinar también la visión estratégica con la operatividad táctica. Es una cuestión de balanceo: ahora toca estrategia, ahora toca táctica.
Muchas gracias José Miguel.
Saludos,

José Miguel Bolívar avatar
José Miguel Bolívar


Muchas gracias, Raül.
Como bien dices, la clave está en combinar ambas visiones, eligiendo en cada caso las preguntas que más útiles nos vayan a resultar para obtener la información que necesitamos.
Saludos!

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