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¿Qué significan objetivo y subjetivo en efectividad?

| tiempo de lectura 4:53'
Reloj con alas de mariposa como ejemplo de qué significan objetivo y subjetivo en efectividad

Entender qué significan objetivo y subjetivo en efectividad es esencial porque, igual que no puede existir un sistema libre de estrés basado en alarmas, tampoco puede existir un sistema fiable basado en mentiras.

El propósito de contar con una mente externa es poder liberar tu mente de tener que recordar y acordarse de las cosas.

Gracias a ello ganas un espacio mental que puedes dedicar a mejores fines.

Para lograr este propósito, lo único que tiene que cumplir esa mente externa es ser 100% fiable.

Lógicamente, para poder ser fiable, su contenido también tiene que serlo.

Y es aquí donde cobran importancia los conceptos «objetivo» y «subjetivo», dos palabras con un significado especial en el campo de la efectividad.

Además de profundizar sobre estos significados, en este post vamos a repasar también su relación con las buenas prácticas en el uso de recordatorios.

¿Qué significan objetivo y subjetivo en efectividad?

En el lenguaje común, algo es «objetivo» cuando existe realmente en el mundo externo, es decir, al margen de la persona.

Por el contrario, algo es «subjetivo» cuando no existe en el mundo externo, sino únicamente en la mente de la persona.

En el campo de la efectividad, para saber si algo es objetivo o subjetivo, necesitas tener en cuenta la existencia o inexistencia de un criterio externo de referencia.

Si existe un criterio externo de referencia, el criterio interno puede ser objetivo o subjetivo. Es objetivo cuando coincide con el criterio externo y es subjetivo cuando no coincide.

Si no existe un criterio externo de referencia, el criterio interno siempre es objetivo.

Ejemplos de criterios objetivos y subjetivos

Imagina que vas al médico y le dices: «doctor, me duele mucho la cabeza», a lo que el doctor te responde: «¡qué va!, eso es subjetivo».

No sé qué pensarías tú, pero mi opinión sobre el doctor no sería muy positiva 😉

Sin embargo, según el criterio de la RAE, la respuesta sería correcta, ya que el dolor de cabeza solo existe dentro de ti, no en el mundo externo.

A pesar de ello, coincidirás conmigo en que tu dolor de cabeza es objetivo, si por objetivo nos referimos a «que existe realmente».

Este es un ejemplo de un criterio interno que es objetivo, ya que no contradice ningún criterio externo de referencia.

Imagina ahora que te quieres inscribir a un curso de formación GTD® oficial y en la información que te hemos enviado dice que el último día de plazo es el 19/2.

Como no quieres esperar al último momento, te pones un recordatorio que dice «inscribirme al curso de GTD antes del 15/2».

El 19/2 es una fecha objetiva, es decir, real, ya que existe un criterio externo de referencia: la información que te hemos enviado.

Por el contrario, el 15/2 es una fecha subjetiva, es decir, falsa, pero no porque la hayas elegido tú, sino porque no coincide con el criterio externo de referencia.

Cuando se confunde lo objetivo y lo subjetivo

Un error habitual es creer que solo son fechas objetivas las que nos vienen impuestas externamente. Esto es falso (además de absurdo).

Imagina que me acuerdo de un amigo al que no veo hace tiempo. Lo capturo.

Al aclararlo, decido que no requiere acción ahora sino más adelante, así que lo incubo y me pongo un recordatorio el lunes 21 que dice «¿llamo a Mariano o no?».

Esa fecha, ¿es objetiva o subjetiva? Mucha gente te dirá que es subjetiva, porque me la he inventado yo. Sin embargo, es una fecha 100% objetiva, por dos motivos.

Lo primero, porque no contradice ningún criterio externo de referencia que diga cuándo tengo yo que reevaluar esa decisión.

Lo segundo, porque es una fecha real, en concreto, la fecha en la que, o a partir de la que, yo quiero reevaluar si finalmente llamo a mi amigo o no.

Pero ¡cuidado!, fíjate que el recordatorio no dice «llamar a Mariano», como si fuera algo que tengo que hacer necesariamente ese día.

Si lo dijera, sería una fecha subjetiva, falsa, porque no existe ninguna necesidad ni obligación real de llamar a Mariano el lunes 21. ¿Se entiende la diferencia en este ejemplo?

Resumiendo, las fechas de cosas que dependen únicamente de tu voluntad —lo que quieres, deseas o te apetece hacer— son siempre objetivas aunque las inventes, ya que el único criterio de referencia eres tú.

Por el contrario, las fechas de cosas que son ajenas a tu voluntad —lo que necesitas, debes o tienes que hacer— solo son objetivas cuando son coherentes con el criterio externo de referencia. En caso contrario, son subjetivas.

Buenas prácticas en el uso de recordatorios con fecha

Lo primero es tener claro que el tipo de recordatorio importa.

Por ejemplo, si hablamos de recordatorios de elementos incubados, puedes usar sin problema todas las fechas objetivas elegidas por ti que quieras.

A fin de cuentas, eres tú quien elige cuándo quiere repensar o reevaluar de nuevo un tema. ¡Faltaría más!

Lo único importante en este caso es evitar la mala práctica de mentirte.

Cuando hablamos de recordatorios de elementos aplazados, la cosa cambia.

Malas prácticas en el uso de recordatorios con fecha

Imagina —en el ejemplo de antes— que en lugar de «inscribirme al curso de GTD antes del 15/2», el recordatorio dijera «intentar dejar hecha la inscripción al curso de GTD antes del 15/2».

En este caso, el recordatorio del día 15/2 sería una fecha objetiva, porque es cuándo a ti te gustaría realmente dejar hecha la inscripción al curso de GTD y no hay ningún criterio externo que diga lo contrario.

Sin embargo, usar esta fecha elegida por ti —aunque sea una fecha «objetiva»— es una mala práctica.

El motivo es que, si la usas, estás mezclando dos recordatorios de naturaleza distinta relacionados con un mismo elemento.

Aunque ambas sean fechas objetivas, te recuerdan cosas distintas: cuándo tiene que estar hecha la inscripción y cuándo te gustaría dejar hecha la inscripción.

Este solapamiento de recordatorios multiplica la carga cognitiva, dificulta los pasos Reflexionar y Ejecutar y reduce drásticamente la fiabilidad del sistema.

Por eso, siempre que haya un criterio externo de referencia, la buena práctica es utilizar únicamente ese criterio externo.

En concreto, siempre que exista una fecha impuesta externamente, la buena práctica es utilizar únicamente esa fecha objetiva como recordatorio.

Dicho esto, el sentido común debe prevalecer siempre.

Imagina que del 15/2 al 19/2 vas a estar de viaje sin ordenador en un lugar remoto donde sabes que hay muy mala cobertura. Esto es un hecho real, objetivo.

En ese caso, ponerte un recordatorio «dejar hecha la inscripción al curso de GTD antes del 15/2» —en lugar de ponerte un recordatorio el día 19/2— no solo no sería una mala práctica, sino que sería la mejor práctica.

Recuerda que GTD va de ponerte los recordatorios adecuados en los lugares adecuados.

Espero haberte ayudado a tener más claro qué significan objetivo y subjetivo en efectividad —así como las buenas y malas prácticas relacionadas con su uso— y te invito a continuar la conversación en los comentarios.

Comentarios

Pablo Baeza avatar
Pablo Baeza


Creo que el tema se las fechas objetivas / subjetivas es un tema importante en GTD y nunca lo he leído en ningún libro o web expuesto con la claridad que lo comentas aquí Jose Miguel. Se nota mucho estudio y reflexión sobre el tema por tu parte para condensarlo así. Me ha clarificado mucho leerlo. Gracias por compartirlo.

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José Miguel Bolívar


Muchas gracias, Pablo. Coincido contigo es que es un tema importante que generalmente se trata de manera superficial y, en mi opinión, un tanto simplista. La línea entre las buenas y las malas prácticas es delgada y está llena de matices y sutilezas. Lo importante es trabajar constantemente la claridad de ideas, evitando caer en sobre-simplificaciones y «talibanismos» del tipo «todo-o-nada», que son incompatibles con GTD®.

Esteban Ace avatar
Esteban Ace


Muy bien artículo, la verdad es que me saco de muchas dudas, yo estaba siendo demasiado rígido con las fechas objetivas y usando todo lo interno como subjetivo, pero ya veo que no todo es blanco o negro. Mil gracias.

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José Miguel Bolívar


Muchas gracias, Esteban. No estás solo. Lo que comentas le ocurre a muchas personas. De ahí mi idea de escribir el post. Me alegra saber que te ha resultado útil.
Saludos!

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Daniel


Hola José Miguel. Gracias por tu artículo. Quisiera consultarte en este sentido mis dudas por si pudieras ayudarme. A raíz de leerlo, me he dado cuenta de que estoy haciendo algo mal. En mi agenda tengo dos calendarios: uno con los eventos que yo consideraba objetivos (los que he renombrado tras tu artículo a "externos") y otro con los eventos que yo consideraba subjetivos (los que he renombrado tras tu artículo "internos"). Para mí, los primeros suelen ser los que tienen hora en concreto por ser citas con alguien. Los segundos son los que tengo que hacer ese día porque lo he decidido (p.e. limpiar el coche) pero que puede pasar si surge algo más importante que hacer (se puede limpiar al día siguiente y no pasa nada). Mi pregunta es: ¿es correcta esta distinción en dos calendarios (colores)? ¿cuál es la mejor manera de hacer esta distinción en el calendario? Gracias por tu respuesta

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José Miguel Bolívar


Muchas graciasa, Daniel.
El segundo calendario (el que has renombrado a «internos») es una mala práctica, porque contiene fechas subjetivas. Si observas tu lenguaje lo comprobarás («lo tengo que hacer ese día porque lo he decidido»). ¡Ojo! No es cierto que lo tengas que hacer ese día, por mucho que lo hayas decidido tú. Las fechas que tu decides que tienes que hacer algo son todas subjetivas. Cuando en el post digo «evitar la mala práctica de mentirte» me refiero concretamente a este tipo de invenciones. Cuidado con esto, porque es sobreplanificación pura y dura y lo único que hace es añadir fricción al sistema. Lo correcto es tener un calendario únicamente con fechas objetivas. Otra cosa es que te pongas un recordatorio como posibilidad (por ejemplo, «¿limpiar el coche?») para evaluarlo cuando llegue la fecha.

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Daniel


Entiendo. La verdad es que es un punto que me resulta complicado. Muchas gracias por tu respuesta :)

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José Miguel Bolívar


Por si te es útil, la tendecia a sobreplanificar es natural y suele deberse a que aún no tienes suficiente confianza en tu sistema. En la medida que tu sistema se vuelve más fiable, el impulso de sobreplanificar desaparece. Saludos!

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Daniel


Lo entiendo. De hecho (tras casi dos meses de GTD) ya voy sintiendo que ese “miedo a no hacer por olvido” va desapareciendo. Estoy tratando de soltar al sistema, para confiar en él, y me va respondiendo gratificantemente. Creo que lo más complicado es soltar los hábitos antiguos (que de hecho son los tras no funcionar llevan a uno a probar GTD): una paradoja! Gracias por tu respuesta José Miguel!

Victor avatar
Victor


Muchas gracias por el artículo. Hace reflexionar sobre como evaluar los diferentes criterios para tomar decisiones, en especial con las fechas límite.
Enhorabuena!

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José Miguel Bolívar


Muchas gracias, Víctor :-)

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