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Marie Kondo: Un análisis desde la efectividad

| tiempo de lectura 5:15'

Una parte importante de mi trabajo como profesional de la efectividad es intentar estar al día de los nuevos descubrimientos que las neurociencias siguen aportando a este campo.

También intento, aunque en menor medida, enterarme de las novedades que van apareciendo al respecto.

Por eso, cuando en 2016 oí hablar por primera vez de Marie Kondo, de su libro y de su supuestamente revolucionario método, lo compré y lo leí.

Mi sensación al terminar su lectura fue de ligera desilusión, probablemente porque, al haber leído tan buenas críticas sobre él, me había generado unas expectativas demasiado altas.

El libro me resultó simpático y fácil de leer, con algunas ideas interesantes, pero en términos de valor, me aportó muy poco.

Lo que menos me gustó es que mezcla principios productivos universales con opiniones personales muy cuestionables.

Su aparición en Netflix ha dado un nuevo empujón a su fama y ha supuesto el resurgir de todo tipo de artículos sobre su método, que algunas personas dicen de «organización», a pesar de tratar sobre «La magia del orden».

Mi intención en las próximas líneas es compartir contigo un análisis del libro de Marie Kondo y de su método desde la perspectiva de la efectividad. Espero que te resulte útil.

La eterna confusión entre orden y organización

Lo primero y más relevante es que Marie Kondo, al igual que la mayoría de las personas, confunde el orden con la organización, probablemente porque a menudo aparecen de forma combinada.

Organizar es establecer correspondencias biunívocas entre lugares y significados.

Dicho de otra forma, organizar es asegurar que todo lo que está en un sitio tenga un único significado, y que todo lo que tiene un significado concreto esté en un único sitio. Sin mezclar.

El orden tiene que ver con el establecimiento de estructuras o patrones. Puede ser un orden numérico, alfabético, geométrico, estético…

La diferencia entre orden y organización radica en su capacidad para reducir la carga cognitiva.

Si la manera específica en la que se disponen los elementos reduce la carga cognitiva, es organización; si no la reduce, es orden.

Desde el punto de vista de la efectividad, un cajón con todas tus camisetas revueltas y a la vista está desordenado, pero está tan organizado como ese mismo cajón con todas tus camisetas cuidadosamente enrolladas y ordenadas según postula Marie Kondo.

Está organizado porque tu cerebro no necesita recordar dónde tienes una determinada camiseta, ya que está en un único sitio posible: a la vista en el cajón de las camisetas.

Hay personas más o menos dependientes (o incluso adictas) al orden, para las que la imagen de un cajón lleno de camisetas revueltas puede resultar desagradable o incómoda. Pero hay también muchas personas que pueden vivir perfectamente felices con esta imagen.

Lo importante es tener claro que ambos tipos de personas son igual de organizadas y pueden ser por tanto igual de efectivas. El orden es irrelevante para la organización.

Reinventando la rueda

Marie Kondo habla de la magia del orden porque el orden es lo que ella valora. Sin embargo, muchos de los consejos que da en su libro tienen poco que ver con el orden y mucho que ver con la organización.

Por otra parte, todos los consejos sobre organización que Marie Kondo ofrece como parte de su método para ordenar estaban ya presentes en metodologías muy consolidadas como GTD® o 5S.

Por ejemplo, la parte inicial de desechar es análoga al «suprimir innecesarios» de las 5S y también es muy parecida a hacer una recopilación física y aclararla (=procesarla) en GTD®.

Sin embargo, Kondo «estropea» estas buenas prácticas al proponer un «cómo» más que cuestionable.

La efectividad implica que los «qué» tengan un «para qué» y que los «cómo» sean coherentes con ese «para qué».

Así, en 5S, las herramientas se organizan (y se ordenan) en función de su frecuencia de uso «para qué» se pierda el menor tiempo posible en acceder a ellas cuando hay que utilizarlas. En este caso, el «cómo» organizar está perfectamente alineado con el «para qué» organizar.

Del mismo modo, en GTD®, los recordatorios se organizan en función de las circunstancias en las que tiene sentido verlos «para qué» se pueda elegir con confianza qué hacer y qué no hacer en cada momento. También aquí el «cómo» está perfectamente alineado con el «para qué».

Mezclando ciencia y creencia

Sin embargo, el criterio que plantea Kondo a la hora de decidir qué ropa desechar o quedarte, es erróneo, ya que no es coherente con el «para qué» tienes ropa, que es para ponértela.

Un criterio válido a la hora de decidir que ropa dejar en tu ropero y cuál desechar puede ser su frecuencia de uso, como en 5S, o que te sirva valiendo de talla, o que no haya pasado de moda.

Puede haber muchos criterios válidos, pero todos ellos tienen que guardar relación con el uso que vas a hacer de esa ropa, ya que la ropa se tiene para usarla.

Que te haga feliz o no puede ser un criterio adicional complementario, es decir, de la que voy a conservar porque cumple algún criterio principal de uso, me quedo solo con la que me hace feliz.

El criterio de si algo te hace feliz o no a la hora de conservarlo o desecharlo tiene mucho sentido como criterio principal para un cuadro, un regalo que te han hecho o una fotografía, pero es absurdo como criterio principal para tu ropa.

Y en el caso de que quieras conservar alguna prenda de ropa no para ponértela, sino por razones sentimentales, el lugar dónde hacerlo sería otro, ya que tu ropero, para estar organizado, tiene que ser el «lugar donde tengo el 100% de la ropa que me pongo y de la cual me pongo el 100%» (ya sabes, por eso de la correspondencia biunívoca…).

Otro ejemplo de «estropear» buenas prácticas universales lo tenemos en su propuesta de cómo organizar.

Empezar y terminar, o utilizar categorías únicas en lugar de ubicaciones, son principios productivos universales.

Por el contrario, tener que utilizar un tipo de material de almacenaje determinado o tener que tratar a tu ropa como si fueran personas son manías de la señora Kondo sin ningún efecto demostrado científicamente a la hora de organizar.

Conclusión

Este patrón recurrente en el método Konmari de mezclar principios y buenas prácticas productivas con opiniones carentes del menor fundamento científico es lo que en mi opinión echa a perder el libro.

¿Por qué ha triunfado entonces? Muy sencillo. Ha triunfado porque da «recetas».

Mucha gente prefiere creer, imitar y obedecer a tener que pensar, analizar y decidir.

Los principios productivos hay que trabajárselos, es decir, para poder sacarles algún partido, antes hay que pensar, analizar y decidir «cómo» aplicarlos a cada «qué» en función de cada «para qué». Y eso cuesta.

Ante este trabajo, que te faciliten la «receta», el «cómo», para simplemente creértelo y aplicarlo resulta muy cómodo y sencillo, al margen de que la «receta» sirva o no sirva realmente para algo.

En resumen, dejando al margen el éxito del libro, el método y la autora, y centrándome únicamente en la calidad del contenido desde el punto de vista de la efectividad, el título que yo le pondría es otro:

«Marie Kondo: el método para organizar tu casa que pudo ser y no fue».

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Comentarios

Julio avatar
Julio


Pensé que era el único loco que relacionaba todo con GTD, pero ya vi que "somos legión".

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La organización, que no el orden, es un requisito indispensable para la efectividad. En la medida que ambos métodos hablan sobre técnicas de organización, la relación existe, así que tranquilo, no estás loco... ;-)

Jaír Amores Laporta avatar
Jaír Amores Laporta


Buenas! Aquí Jaír, de EfectiVida.

Muchas gracias por el artículo. La verdad es que llevo rato leyendo y releyendo, aprendiendo y desaprendiendo.
Es muy interesante lo que mencionas sobre la diferencia entre orden y organización. Le daré un par de vueltas más a ver si termino de comprenderlo bien, y así adquirir el concepto.

Sí siento discrepar en un par de puntos. Probablemente sea yo el equivocado. Bueno... seguro. Soy consciente de que no soy nadie al lado tuyo. Te considero un referente en cuestiones de efectividad, y hasta ahora, he examinado tus artículos desde el punto de vista de un alumno. Sin embargo, en esta ocasión, y sin que sirva de precedente, mi alma “puntillosa” ha salido a la luz y quiere hablar.

En primer lugar, más allá de la terminología, creo que Marie Kondo habla de orden y de organización. Habla de que cada cosa va en su lugar, así como de ordenar esos lugares. Pero bueno... esto tampoco es tan importante. Sí me ha llamado la atención lo siguiente:

Dices (cito literalmente): “Hay personas más o menos dependientes (o incluso adictas) al orden, para las que la imagen de un cajón lleno de camisetas revueltas puede resultar desagradable o incómoda. Pero hay también muchas personas que pueden vivir perfectamente felices con esta imagen. Lo importante es tener claro que ambos tipos de personas son igual de organizadas y pueden ser por tanto igual de efectivas.”

No es lo mismo un cajón revuelto que uno ordenado. Se podrían dar muchas razones, pero señalaría una: En un cajón ordenado tardas segundos en encontrar lo que quieres, en uno desordenado, no. La efectividad tiene en cuenta la eficiencia, es decir, gastar menos recursos. El tiempo es un recurso. Por eso, una persona desordenada no es efectiva. Me han intentado convencer en más de una ocasión de eso de que las personas creativas no son ordenadas, que si viven igual de felices... pero yo lo que veo es gente que pierde las llaves en un bolso lleno de objetos, que se estresa y comete errores, que pierde su valioso tiempo buscando objetos. No, no creo que sean el modelo de persona efectiva. Estoy de acuerdo en que la adicción al orden es perjudicial, pero tener los cajones mínimamente ordenados es más efectivo que no tenerlos. Y estoy teniendo en cuenta el factor tiempo al ordenar los cajones, ya que, lo haces una vez y después simplemente lo mantienes.

El otro punto que no me termina de cuadrar es lo de la ropa. Es cierto que es fundamental preguntarse el “para qué”, y que la ropa debe ser funcional, práctica. Pero, al final, si sigues haciendo esa pregunta, el para qué es para ser feliz. ¿Para qué te pones ropa? Para llevarla ¿Y para qué la quieres llevar? Para sentirme bien, para atraer, para ser aceptado... ¿y para qué quieres sentirte bien, atraer o ser aceptado? Para ser feliz. En realidad, si se sigue esta línea de razonamiento, al final, casi todo lo que hacemos, es para ser feliz. Por eso, para mi, la efectividad debe estar ligada a las cosas importantes en la vida. Y por eso, el criterio para decidir si te quedas o no con una pieza de ropa, bien podría ser si te hace feliz o no. Este planteamiento no sirve solo para los cuadros. De hecho, el problema suele estar en lo contrario. A veces hacemos cosas que no nos llevan a ser más felices. De nada sirve ser muy efectivo, si esa efectividad te está llevando a un sitio equivocado. En el caso de la ropa, probablemente lo más efectivo es tener muy pocas piezas, y todas iguales. Eso es lo que, al parecer, hacen algunas personas consideradas muy efectivas. Así se ahorran tiempo de elección, entre otras cosas. Sin embargo, la mayoría de los mortales compran ropa, más para que les haga felices, que para ser funcional. Una excepción sería ropa de trabajo, uniformes, etc. Por otro lado, hay que tener en cuenta que hablamos de ropa que ya tenemos. Es decir, en su día, ya pensamos en lo funcional y en lo bonita que era. Ahora, toca decidir, y tanto un factor como otro me parecen igual de razonables. Aquí la idea no es tanto la elección, sino ser más efectivos gracias a la eliminación de sobrantes.

Yo tampoco veo lógico lo que hace de presentarse a una casa, despedirse de los objetos, y tratar las cosas como si fueran personas. Por supuesto, respeto otras opiniones. Lo que está claro es que su “método”, aunque no sea nuevo, es sencillo, y funciona. Si más personas se sienten mejor gracias a tener menos ropa en los armarios y por quedarse con lo que les hace feliz, y si además de eso, tardan menos en encontrar sus calcetines, pues fenomenal. Eso es efectividad, creo yo.

Y si no, díselo a mi mujer, jejeje. (Publiqué un artículo en mi blog entrevistando a la susodicha: https://efectivida.es/blog/orden-limpieza-marie-davi-kondo/)

Siento estar en desacuerdo en esta ocasión. De todas formas, soy todo oídos a cualquier enseñanza que reciba al respecto, bien merecida, por cierto. ¿Qué te parece?
Un saludito desde Las Palmas!

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Buenas, Jaír. Muchas gracias por tu comentario. Veo que pertences al amplio grupo de personas que confunde orden con organización... ;-)
Tu comentario me ha inspirado un post dedicado específicamente a diferenciar entre orden y organización, en el que incluiré numerosos ejemplos.
Pero ahora me gustaría matizar algunas de tus afirmaciones. Por ejemplo, que las camisetas estén revueltas solo indica que el cajón está desordenado. El que esté organizado depende de si están o no todas a la vista. Si están a la vista, aunque revueltas, está organizado. Si no están a la vista, esta desorganizado. Ese mismo cajón, con las camisetas bien dobladitas, pero en el que la mitad de camisetas están ocultas, está menos organizado que ese mismo cajón con las camisetas sin doblar, pero todas a la vista.
Por otra parte, una persona que no encuentra sus llaves es una persona desorganizada. Es cierto que, en términos estadísticos, existe una alta probabilidad de que también sea desordenada, pero no tiene por qué. Hay personas ordenadas que también pierden las llaves o el móvil con frecuencia. Es más frecuente encontrar personas organizadas y ordenadas y personas desorganizadas y desordenadas. Pero también hay personas organizadas y desordenadas y personas desorganizadas y ordenadas.
Orden y organización no son excluyentes y en muchas ocasiones coexisten. Lo que es importante es entender qué es qué y también que el orden no implica organización ni la organización implica orden, porque son cosas distintas.
En cuanto a la ropa, te la pones para no ir en cueros y para abrigarte. El resto es fruto de la moda y la costumbre. Yo no tengo nada en contra de que la ropa haga feliz a la gente. Lo que diferencio es entre criterio principal y criterio secundario. El criterio principal para conservar ropa en tu ropero es que te la vayas a poner. Si además quieres que la ropa que te vas a poner sea la que te hace feliz, pues perfecto. Lo que es absurdo es tirar la ropa que te pones porque no te hace particularmente feliz y conservar ropa que te hace muy feliz y no te pones nunca.
Por último, si la efectividad te lleva a un sitio equivocado, no es efectividad, por definición. La efectividad consiste en hacer bien las cosas correctas. Obviamente, hacer bien las cosas correctas te lleva bien al sitio correcto.
Saludos!

Jaír Amores Laporta avatar
Jaír Amores Laporta


Gracias José Miguel, por responder amablemente, aunque no me has aclarado mucho. Casi has repetido lo que ya decía el post. Estaré atento al siguiente (prometo no comentar, en todo caso, alabar). Parece que, más bien que no entender uno u otro, diferimos en cuestión de definiciones.

Si nos fuéramos a la estándar (he copiado de la RAE), sería:

Orden:
1. m. Colocación de las cosas en el lugar que les corresponde. Era u. t. c. f.
2. m. Concierto, buena disposición de las cosas entre sí. Era u. t. c. f.

Organización:
1. tr. Establecer o reformar algo para lograr un fin, coordinando las personas y los medios adecuados. U. t. c. prnl.
2. tr. Poner algo en orden.

Efectividad:
1. f. Capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera.

Sigo pensando que la persona desordenada (o desorganizada, da igual), no es efectiva. Y también que hay personas y organizaciones que son muy efectivas, y que consiguen lo que desean, lo cual, puede o no hacerles felices, y puede o no ser más o menos correcto en el sentido ético, por mencionar algunos factores. Por eso para mí, la efectividad correcta debe ir ligada a las cosas importantes de la vida.

Evidentemente, la forma en que cada uno entiende un concepto dependerá mucho de factores como nuestra experiencia personal, nuestro expertise, o la formación recibida. Y esto no es malo, al contrario, da diversidad y aumenta el significado básico que puede dar un diccionario.

Gracias de nuevo por todo lo que enseñas. Saludos!

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Jaír, yo soy 100% responsable de lo que digo, pero no de lo que tú entiendas.
Saludos.

Denis avatar
Denis


Es una pena Jose, estaba empezando a seguir tu blog.

Saludos

A. Simón avatar
A. Simón


Muy interesante, cuando leí el libro de la Sra. Kondo me pasó cómo a ti, pero no hubiese sido capaz de explicarlo tan claro.
Intenté echar un vistazo a un programa de Netflix, pero fui incapaz de soportarlo, mi mente no pueda, casi con la tv, pero estos programas arregla vidas me repelen totalmente y si ya tenía una sensación agridulce de la lectura del libro, eso me termino de quitar las pocas ganas que tenía.
Por lo demás gracias por seguir enseñando como lo haces, al margen de modas y tonterías.
Un saludo.

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Muchas gracias. Entender bien conceptos como estos es indispensable para poder realmente mejorar la efectividad. Muchas personas gastan una enorme cantidad de recursos cognitivos en actividades cuyo retorno es mínimo o incluso nulo, y eso no solo reduce su efectividad, sino que les produce frustración.
Afortunadamente la neurociencia sigue avanzando cada día y eso permite echar por tierra creencias y prejuicios carentes del más mínimo fundamento científico, como por ejemplo que el orden es importante para la efectividad.
Un saludo.

Juan Carlos Hoyos Posada avatar
Juan Carlos Hoyos Posada


Tengo varias cosas para decir:
1) Hay un refrán que dice "A donde fueres haz lo que vieres" por tanto no es exacto lo que afirma Jair en su comentario con "...más allá de la terminología..." pues si ingresa a un blog sobre efectividad no puede desconocer que en este ámbito se tiene un uso específico de ciertas palabras que les da claridad dentro de este contexto, que puede no ser exactamente igual al uso que tiene para el público en general, y esto aplica para todos los ámbitos del conocimiento como medicina, ingeniería, deportes, por eso en muchos de estas áreas del conocimiento prefieren crear nuevos términos que no permitan este tipo de confusiones, la jerga científica le podemos decir; por tanto también es desafortunado usar la definición de la Real Academia cuando es claro que estamos tratando un tema específico y no una conversación coloquial, prueba de esto es que en mis tiempos de estudiante existían por ejemplo el diccionario filosófico y las enciclopedias tenían tomos adicionales dedicados a definiciones de matematicas, quimica entre otros.
Pongo un ejemplo de mi vida personal de cómo si entras a un ámbito especial se debe entender los usos específicos de los términos: yo entreno un arte marcial y al llegar a la academia los estudiantes llaman de diferentes maneras al cinturón negro que dicta la clase: instructor, profesor, maestro, pero se les explica que dentro de la escuela existe una jerarquía donde el título se gana por un determinado tiempo de práctica y después de aprobar unos exámenes, es decir que cada uno de los términos empleados para llamar a un cinturón negro son diferentes, en responsabilidades y privilegios, por más que la Real Academia los defina parecido o incluso afirme que son sinónimos.

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Muchas gracias, Juan Carlos. Estoy completamente de acuerdo contigo. De hecho, en OPTIMA3 uno de los cambios en relación con GTD es la creación de esos nuevos términos, que podríamos llamar «jerga efectiva» para evitar los malentendidos.
Saludos

Juan Carlos Hoyos Posada avatar
Juan Carlos Hoyos Posada


Lo quise colocar pero no lo hice para no hacer más largo el comentario.

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Está perfecto, Juan Carlos. Gracias

Juan Carlos Hoyos Posada avatar
Juan Carlos Hoyos Posada


Continuación de mi comentario:
2) En el articulo se coloco el ejemplo de organizar un armario y en un comentario Jair escribe: "...Y por eso, el criterio para decidir si te quedas o no con una pieza de ropa, bien podría ser si te hace feliz o no..." lo cual no es incorrecto si se tienen primero en cuenta otros criterios "PRÁCTICOS" antes de aplicar el de ser feliz:
a) ¿La prenda sobre la que debes decidir mantener en tu armario colgada en los ganchos todavía es de tu talla?, es algo lógico y no implica que si es el vestido de tu matrimonio lo tengas que botar, pero si no te sirve debe estar guardado dentro del armario en otro lugar diferente a donde colocas lo que escoges cada día para colocarte, que es lo que se plantea en el articulo: "...Y en el caso de que quieras conservar alguna prenda de ropa no para ponértela, sino por razones sentimentales, el lugar dónde hacerlo sería otro, ya que tu ropero, para estar organizado, tiene que ser el «lugar donde tengo el 100% de la ropa que me pongo...>> ..."
b) Un criterio objetivo para hacer una selección parecida a la anterior y que igual sirve para botar o regalar una prenda puede ser: ¿Te colocaste esta prenda en los últimos 6 meses? es una respuesta de si o no, la disposición final que hagas a tu prenda si puede estar determinada en el grado de felicidad que te de tenerla.

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