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«Deprisa» y «flexibilidad», frenos a la efectividad

| tiempo de lectura 3:18'

Aparentemente, al menos para muchas personas, «deprisa» y «flexibilidad» son dos palabras con connotaciones positivas en un contexto profesional.

Ahora bien, ¿es esto realmente así? Lo cierto es que depende de a qué en concreto nos estemos refiriendo. Hay que tener en cuenta que bajo estas palabras tienen cabida comportamientos muy distintos, algunos muy positivos y otros muy negativos, y por tanto es imprescindible especificar, ya que las competencias son cuestión de rango.

A priori, podría parecer que sí, que ambas cualidades son positivas. Sin embargo, en la práctica, las personas – y las organizaciones – que llenan su discurso cotidiano con «deprisa» y «flexibilidad» son por lo general muy poco o nada efectivas. Ya sabes, dime de qué presumes y te diré de qué careces…

La explicación es sencilla. Por lógica, un profesional del conocimiento que trabaja «deprisa» es un profesional del conocimiento que también piensa «deprisa». Sin embargo, tal y como nos explica Kahneman, pensar «deprisa» significa utilizar el Sistema 1.

Si un profesional del conocimiento usa habitualmente su Sistema 1 para hacer su trabajo, en lugar de utilizar el Sistema 2, significa que pensar, lo que se comúnmente se conoce como  pensar, piensa poco.

Cuando un profesional del conocimiento no utiliza su Sistema 2, en lugar de decidir racionalmente y actuar reflexivamente, lo que hace es decidir emocionalmente y actuar impulsivamente. Detrás de este comportamiento tan habitual se encuentran la mayor parte de las «urgencias» y la enorme cantidad de trabajo basura de escaso o nulo valor que asfixia a las organizaciones y estresa a sus personas.

Paradójicamente, estas personas tan amantes de las prisas suelen hacer gala de un escaso «sentido de urgencia», algo esperable, por otra parte, ya que para desarrollar este sentido es imprescindible pensar y hacerlo, además, regularmente.

En cuanto a la flexibilidad, nos encontramos ante una situación muy parecida a la anterior.

La flexibilidad es una virtud cuando posibilita la adaptación a nuevas situaciones imprevisibles, pero es un defecto cuando las razones por la que se pide son la falta de previsión y el apresuramiento. Como ya habrás podido imaginar, la gran mayoría de las ocasiones en las que alguien pide más «flexibilidad» a otras personas es por el segundo motivo.

El problema con estas dos palabras, «deprisa» y «flexibilidad», radica en el esquema de pensamiento (paradigma) que dejan entrever, un paradigma radicalmente opuesto al necesario para poder mejorar la efectividad.

Una persona que valora hacer las cosas «deprisa» es normalmente una persona que busca hacer muchas cosas, cuantas más mejor. Precisamente por eso quiere hacerlas «deprisa».

En el trabajo del conocimiento, sin embargo, la efectividad es independiente del número de cosas que se hacen, ya que el valor que aporta cada cosa que hacemos es desigual. Precisamente por eso, en este tipo de trabajo se puede dar la paradoja de que la efectividad sea alta haciendo pocas cosas, y también de que ocurra justo lo contrario, es decir, de hacer muchas cosas y que la efectividad sea baja.

Una persona que en lugar de centrarse en los aspectos cualitativos de su trabajo, es decir, en cuánto valor aporta lo que hace, se centra en los aspectos cuantitativos, es decir, en cuántas cosas hace, es una persona que lo tiene muy difícil para mejorar su efectividad, ya que está enfocándose en lo anecdótico en lugar de enfocarse en lo relevante.

Lo mismo ocurre con la «flexibilidad» mal entendida. Cuando se demanda más «flexibilidad» a otras personas, la mayoría de las veces es consecuencia de un trabajo previo insuficiente, o incluso inexistente, de anticipación y previsión.

Cuando solo se valora «hacer», lo habitual es hacer sin pensar, y lo que suele ocurrir al trabajar mal es que se pasan por alto detalles importantes, lo que da lugar a imprevistos perfectamente evitables que requieren la mal llamada «flexibilidad» por parte de otros.

El verdadero significado de esta supuesta «flexibilidad» es que terceras personas tienen que cargar con los costes de la falta de previsión propia.

Una persona efectiva, profesional del conocimiento, es aquella que sabe que hay que dedicar el tiempo adecuado a las cosas, ni más, ni menos. Por lo tanto, sabe también que «deprisa», casi siempre, significa mal.

Del mismo modo, sabe que para ser una persona efectiva, antes de hacer tiene que pensar, lo que reduce enormemente la cantidad de «flexibilidad» que luego va a tener que exigir a otras personas.

Por eso, si quieres realmente desarrollar esta competencia transversal, revisa honestamente tu vocabulario cotidiano, porque es un buen indicador de tus creencias.

Si estas dos palabras están presentes habitualmente en tus comunicaciones, te convendría revisar a fondo tu «cartografía mental» porque, de lo contrario, te va a resultar realmente difícil lograr tu propósito, ya que «deprisa» y «flexibilidad» son dos frenos a la efectividad.

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