Óptima Infinito

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Cómo Evitar los Costes de Aprendizaje

| tiempo de lectura 3:18'

La calidad de las decisiones que tomas y de las acciones que realizas, pero también de las que decisiones que toman las organizaciones y de sus acciones, depende en gran medida de la calidad del conocimiento que se utiliza para ello.

En otras palabras, si el conocimiento aplicado para tomar una decisión, o para llevar a cabo una acción, es pobre, incompleto o está obsoleto, la calidad de la decisión, o de la acción, será probablemente inferior a la adecuada.

El problema se agrava cuando esta calidad insuficiente de la decisión, o de la acción, da lugar a una situación inesperada y no deseada, cuya resolución conlleva, por lo general, un coste adicional, normalmente también imprevisto.

Vemos casi a diario como personas y organizaciones hacen cosas o toman decisiones que, al poco tiempo, deben corregir con otra decisión o con otra acción en sentido opuesto.

Como ejemplo, no es extraño que alguien se ponga a montar un mueble de IKEA sin haber echado un vistazo siquiera a las instrucciones de montaje. En la mayoría de las ocasiones el mueble acaba mal montado, o simplemente no se puede acabar de montar, por lo que hay que desmontarlo y volverlo a montar.

Supongamos que el tiempo que se tarda en leer las instrucciones es de 5 minutos y el tiempo de montaje, sabiendo montar el mueble, es de 25 minutos.

Haciendo las cosas bien, es decir, haciendo una inversión en aprendizaje de 5 minutos, el mueble estará montado correctamente en media hora.

Haciendo las cosas mal, es decir, «ahorrándote» la inversión en aprendizaje de 5 minutos inicial, puedes perder fácilmente 5 minutos hasta llegar al punto en que no puedes seguir, otros 5 minutos en desmontar lo que has montado mal, 5 minutos -ahora sí- en leer las instrucciones y, finalmente, los 25 minutos que se tarda en montarlo.

Total, has tardado 50 minutos en montarlo, en lugar de 30, lo que significa un coste de aprendizaje de 20 minutos, es decir, nada menos que un 400% más del tiempo necesario.

Lo más absurdo es que estas situaciones indeseadas y estos sobrecostes son fácilmente previsibles y, por tanto, evitables.

El punto de partida es ser lo suficientemente humilde como para reconocer que posiblemente haya detalles importantes sobre aquéllo que vas a hacer o decidir que aún ignoras.

El siguiente paso es tener un mínimo de paciencia e invertir el tiempo necesario en conocer los detalles clave más relevantes sobre lo que vas a hacer o decidir, ya que ésta es la mejor forma de minimizar el riesgo de error.

Lo próximo sería encontrar las fuentes idóneas para acceder al conocimiento que necesitas. En ocasiones, la única forma de acceder a ese conocimiento será a través de fuentes escritas pero en otras muchas podrá ser preguntando a personas más próximas, con más experiencia o directamente involucradas en aquello que vas a hacer o sobre lo que vas a decidir.

Preguntar sólo te obliga a escuchar, no a estar de acuerdo con la respuesta ni a seguirla. La ventaja de preguntar a personas es que, aunque puedas no compartir sus puntos de vista, te proporcionará generalmente una perspectiva más amplia que te ayudará a no pasar por alto ninguna información importante para lo que vas a hacer o decidir.

En realidad, se trata simplemente de invertir -ahora- una mínima parte del tiempo y los recursos que tendrías que gastar -luego- en solucionar los problemas causados por tu precipitación e ignorancia.

Parece claro que la agilidad es una cualidad imprescindible hoy día pero no se debe caer en el error de confundir rapidez con precipitación. Es importante ser rápido pero es más importante aún hacer las cosas bien a la primera, aunque se tarde un poco más, que hacerlas rápido y mal y luego tener que repetirlas.

Además, aunque la excusa habitual para justificar una decisión errónea -por precipitada- es la socorrida «falta de tiempo», la realidad es que esto rara vez es cierto ya que, por hacer las cosas mal, acabas empleando siempre más tiempo del necesario.

El verdadero motivo por el que se suelen hacer mal las cosas, o se toman decisiones no suficientemente documentadas, tiene mucho más que ver con la pereza mental que con la escasez de tiempo.

Los costes de aprendizaje son cada vez más frecuentes e importantes en cuantía y creo que merece la pena reflexionar sobre en qué medida podrían evitarse o, al menos, atenuarse, ya que perjudican muy seriamente a la efectividad.

Porque lo cierto es que aprender sobre algo antes de hacerlo o de decidir sobre ello es, fundamentalmente, una cuestión de actitud y que invertir proactivamente en aprenderlo permite un ahorro enorme en esos costes de aprendizaje ni deseados ni previstos.

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Comentarios

David avatar
David


"Unas cuantas horas de prueba y error nos pueden ahorrar unos minutos de leer un manual" Oido en algún lado...

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Genial la frase y, por desgracia, muy representativa de la realidad...

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Carolus


“El hombre que no medita y obra con precipitación, no podrá evitar grandes fracasos. Si en todos nuestros negocios y empresas determinamos y planeamos previamente las etapas de puesta actuación, conseguiremos con facilidad el éxito. Reflexionar con calma antes de adoptar ninguna determinación, no cansarse nunca de obrar el bien, y tratar cada asunto según convenga.” CONFUCIO
http://www.elartedelaestrategia.com/confbio.html

Saludos

Carolus

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Muchas gracias por la cita.

Y a pesar de contar desde tiempo inmemorial con tan sabias reflexiones, parece que nos empeñamos en ignorarlas e ir en la dirección opuesta.

Saludos

Liberto Pereda avatar
Liberto Pereda


Aprecio la estructura y el argumento de tu exposición. Al mismo tiempo quiero aportar otra perspectiva.

El enfoque que planteas está de alguna forma basado en el paradigma del control. Ello lleva a pensar que una decisión puede ser buena o mala en función del tiempo que se dedica al proceso de decisión. Lo mismo ocurre para el aprendizaje. Si dedico tiempo a aprender, evitaré errores. ¿Realmente evitar un error te trae el aprendizaje que necesitas? ¿No es precisamente el error lo que permite aprender?

El conocimiento es necesario, y sin embargo proviene del pasado. Es importante se cautos al utilizar fuentes, todas ellas basadas o en el pasado o en opiniones o en visiones.

El paradigma del control está alimentado por el "ego", que es tan solo una de las dimensiones humanas. ¿Qué aportarían al proceso las dimensiones espiritual, física, emocional y del corazón. Tal vez incluso, llegues a preguntarte si realmente necesitas el mueble de IKEA.

Saludos!

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Probablemente no sea una relación causa efecto pero seguro que sí existe una correlación estadística significativa entre el tiempo que se dedica a informar una decisión, que no a decidir, y la calidad de dicha decisión.
Creo que el error está sobrevalorado. Una cosa es aprovechar el error una vez producido para aprender de él y evitar repetirlo y otra distinta en buscar intencionadamente el error como fuente de aprendizaje. A no ser, claro, que el fin que se busca sea precisamente aprender. En el ejemplo que comento el fin no es aprender sino montar correctamente un mueble de IKEA en el menor tiempo posible. Si quisiera investigar nuevas formas de montarlo más efectivas, tendría sentido el ensayo-error. Pero, insisto, no se trata de aprender, sino de montar el mueble rápido y bien.
En mi opinión, cuestionar el conocimiento es una actitud sana e inteligente. Despreciarlo, sin embargo, ignorándolo sistemáticamente y reinventando la rueda una otra vez, me parece, aunque muy "español", de una estupidez supina.
Pensar antes de hacer y aprovechar, con las modificaciones que haga falta, el conocimiento ya existente, es un requisito indispensable para la productividad personal.
Saludos!

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