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Desarrollo Organizacional: ¿Es Productiva la Felicidad en el Trabajo?

| tiempo de lectura 5:45'

Por más que los gurús y expertos en management sigan destilando nuevas teorías para solucionar los males endémicos que acucian a las organizaciones, mi sentido común me sugiere que la realidad a la que nos enfrentamos podría deberse no tanto a la escasez de buenas teorías como a la mala ejecución de las mismas.

En otras palabras, creo que lo que puede estar fallando no son los conocimientos sobre lo que se debe y no se debe hacer sino las actitudes y comportamientos reales de las personas que gestionan a otras personas y, en buena medida, los de las propias personas.

Que una búsqueda en Google de la expresión «felicidad en el trabajo» arroje más de quince millones de resultados parece evidenciar que no es precisamente debate y reflexión lo que nos falta, sino poner en práctica lo que ya sabemos.

Porque, al menos en teoría, los elementos básicos necesarios para que las personas puedan ser felices en el trabajo no son tantos ni tan complicados de conseguir. A fin de cuentas, asignar a una persona tareas acordes con su preparación y competencias, fijar y explicar qué se espera de ella expresándolo en forma de objetivos específicos, medibles, alcanzables, realistas y definidos en el tiempo, proporcionarle la formación, herramientas y medios adecuados para que pueda conseguirlos – incluyendo espacios para crear, innovar, asumir riesgos y cometer errores – y recompensarla de forma justa y equitativa en función de sus logros, no debería ser algo tan difícil.

¿Por qué entonces felicidad y trabajo resultan ser dos términos tan aparentemente incompatibles?

Posiblemente haya un buen número de razones y casi seguro que muchas se me escapan. Sin embargo, sí que hay algunas que me resultan evidentes.

Se suele confundir rapidez con prisa y división del trabajo con atomización del trabajo

Vivimos en un estado de urgencia permanente. Lo importante es estar todo el día corriendo, aunque no tengamos muy claro hacia dónde nos dirigimos. Ir deprisa es sinónimo de eficiencia. Se confunde ser diligente con ser apresurado. Sin embargo, las prisas no son sólo uno de los principales responsables del estrés laboral sino que también generan una cantidad ingente de trabajo innecesario para corregir errores que se podrían haber evitado. Por eso avanzar rápido es incompatible con ir deprisa, porque las prisas implican el sacrificio de la reflexión en beneficio de la acción y el resultado final se suele resentir por ello. Para ser productivo necesitas poder fluir y no se puede fluir con prisas.

Desde otro punto de vista, parece evidente que una cierta división del trabajo tiene sus ventajas. Pero esta división llevada al extremo puede hacer que la persona que realiza ese trabajo pierda la perspectiva sobre el impacto del mismo en el resultado final, lo cual dificulta también enormemente que pueda experimentar sensación de logro alguna.

En el caso concreto de su impacto en la felicidad en el trabajo, las prisas y la atomización de tareas son probablemente las principales responsables de que a día de hoy sea casi imposible que una persona pueda sentirse realmente satisfecha con el trabajo que hace. Como muy bien explica Richard Sennett en «El Artesano«, hemos perdido el placer de hacer bien las cosas por el simple placer de las cosas bien hechas y, con ello, la felicidad que se desprende de haber hecho bien una cosa más allá de su mera producción material.

Se suele confundir el enfoque con la miopía y el error con el fracaso

La necesidad de resultados a corto plazo da lugar por otra parte a que las personas que gestionan personas deban concentrar sus esfuerzos y su atención en el corto plazo, porque lo realmente importante transcurre en el aquí y el ahora. La consecuencia directa de esta actitud es una pérdida de perspectiva a favor de un mayor control sobre el día a día. Este efecto puede parecer algo inocuo pero los que investigamos y estudiamos la productividad a fondo sabemos desde hace tiempo que cuando una persona no es capaz de gestionar su realidad equilibrando el control y la perspectiva acaba habitualmente atascada en el micro-management.

Evidentemente el micro-management tampoco parece ser de gran ayuda a la hora de generar esos espacios para crear e innovar que son tan necesarios para que las personas puedan ser felices en sus trabajos.

Por otra parte, en culturas como la española nos cuesta gestionar bien los errores porque tendemos a ver en ellos no tanto oportunidades de aprendizaje como el estigma del fracaso. Si a quienes gestionan personas les resulta difícil generar entornos seguros donde poder asumir riesgos y cometer errores, ¿no es un tanto absurdo pretender que esas mismas personas aprendan y crezcan en las organizaciones sintiéndose orgullosas y felices por ello?

Se suele confundir la causa con el resultado

Querer hacer felices a los empleados para aumentar su productividad podría ser, en mi opinión, un error conceptual, porque ¿y si la productividad no fuera el resultado de la felicidad, sino una de sus causas?

Si así fuera, este error supondría además una excelente ocasión perdida por parte de las empresas de cara a su contribución a la sociedad, ¿o no sería genial que se invirtiera en hacer productivas a las personas para tener una sociedad más feliz? Creo que eso sí que sería RSC de verdad 😉

Una persona que haya sido elegida para una posición que se ajusta a su perfil, con los objetivos bien establecidos, los recursos adecuados y correctamente remunerada puede, a pesar de todo ello, no ser feliz en su trabajo. Aún eliminando las prisas, la atomización del trabajo o el micro-management, si esa persona es incapaz de alcanzar los niveles necesarios de control y perpectiva sobre su vida, de la cual el trabajo es únicamente una pieza más, podría acabar sumida en una situación de estrés crónico y profunda infelicidad.

Por el contrario, una persona que es capaz de gestionar su vida equilibrando el control con la perspectiva, es decir, una persona productiva, estará en principio mejor preparada para rendir a mayor nivel y sin estrés, estando por tanto más cerca de alcanzar no sólo sus objetivos sino también la felicidad.

A lo mejor ha llegado el momento de entender que trabajar sólo en cómo hacer más con menos podría ser una visión un tanto estrecha, limitante y bastante agotada de la productividad. ¿Qué ocurriría si comenzáramos a pensar que la productividad resulta de hacer mucho más con lo mismo pero haciéndolo mejor, y fuéramos capaces de lograr que la palabra productividad dejara de evocar «explotación» para pasar a evocar «abundancia»?

Conclusiones

Los últimos estudios sugieren que la felicidad es incompatible con el estrés.

Por eso parece lógico intuir que alguien en cuya vida privada reina el caos y el estrés difícilmente podrá ser feliz en su faceta profesional, ya que a día de hoy sabemos que el desarrollo pleno pasa por el equilibrio entre todos los aspectos de la persona.

Creo que las políticas de conciliación por sí solas tiene una utilidad limitada porque el problema no es tanto la falta de tiempo como el mucho que perdemos por no saber gestionar nuestros compromisos y frentes abiertos. Hace un siglo, «lo que había que hacer» era evidente pero ahora ya no, porque como dice Peter Drucker, «en el trabajo del conocimiento… la tarea no se supone, sino que ha de determinarse» y nadie nos ha enseñado que tenemos que pensar en nuestro trabajo antes de poder hacerlo.

La productividad personal va mucho más allá de la tradicional gestión del tiempo (en realidad el tiempo no se gestiona; se gestionan las cosas que hacemos durante ese tiempo) y es un camino probado hacia la auténtica eficiencia sin estrés.

¿Qué pasaría si las personas y las empresas comprendieran que lo primero de todo es aprender a trabajar y que eso es precisamente lo que enseña la productividad personal? Es posible que entonces estuviéramos un paso más cerca de que las personas lograran finalmente ser felices en sus trabajos… Y posiblemente también más felices en sus vidas.

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Comentarios

Juan Martínez de Salinas avatar
Juan Martínez de Salinas


Hola JM,

Interesante reflexión la que nos planteas aquí y que comparto.

Las prisas hacen mucho daño a la felicidad de las personas y las organizaciones. Debemos planificar y preparar las cosas teniendo en cuenta las posibles desviaciones. A cada cosa se le debe dedicar el tiempo necesario para hacerse de forma adecuada y profesional. Las cosas no valen de cualquier forma.

El equivocarse no es malo, sin embargo, es inadecuado cuando ocurre querer buscar sólo culpables y no soluciones.

Las herramientas y soluciones para ser felices en el trabajo están ahí, es cuestión de sentarse ambas partes y definir bien cada posición. Lo que no podemos pretender es que las personas se conformen con cualquier puesto o tarea si están preparados para dar más.

Saludos,

Juan

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Muchas gracias, Juan. Se trata en resumen de no querer reinventar la rueda a diario. Hay muchas cosas que ya sabemos que funcionan, al igual que sabemos de otras muchas que no funcionan. En cuanto dejemos de hacer las que no funcionan y las sustituyamos por las que sí lo hacen, estaremos avanzando a pasos de gigante :)

Alberto Blanco avatar
Alberto Blanco


Muy buena reflexión, José Miguel. Tradicionalmente, en España el trabajo se ha visto como una especie de castigo, incluso divino. Y esto no sólo ocurre en trabajos manuales y físicamente duros, lo encuentras también en trabajos de cuello blanco.

Por ejemplo no hay campaña de publicidad sobre sorteos, cupones y loterías que no incida sólo en los millones que puedes llegar a ganar, sino en que tu felicidad pasa obligatoriamente por mandar tu trabajo y a tu jefe a tomar viento fresco.

Lo que ya no tengo claro es qué viene primero, el huevo o la gallina, es decir si estos aspectos culturales son la causa de los males que comentas, o es al revés, estos males provocan que la gente vea el trabajo como un castigo.

Un abrazo.

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Muchas gracias, Alberto. Pienso que la mayor parte de los trabajos son aún percibidos como castigos en la medida que es algo que la gente hace por necesidad. Sobre todo en los trabajo de cuello blanco, este descontento no debería ser tan esperable, al menos en teoría, y creo que la manivela del cambio reside claramente en las empresas.
Un abrazo.

Jose María Raventós avatar
Jose María Raventós


Excelente reflexión !!!
Creo que la felicidad en el trabajo sólo se consigue si las personas se sienten parte integrante de una organización en la que se las respeta.
Y entiendo por respecto algo mas que el respecto que mostramos a cualquier persona que encontramos en nuestras vidas. Me refiero al respeto a lo que las hace humanas: sentir y pensar. La obligación de los líderes es diseñar el trabajo de tal forma que afloren lo mejor de cada persona.
La productividad mejora el día en que dejamos de medir a las personas por su ratio de actividad (generador de las prisas y el stress) y las medimos por su capacidad de innovar y crear valor.
.-= Lo último en el blog de Jose María Raventós ..¿Qué quieren los clientes / ciudadanos? =-.

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Muchas gracias, José María.
Respeto es una actitud clave y su práctica más escasa de lo que debiera, especialmente en el sentido que comentas. Comparto plenamente tu definición de productividad centrada en la creación de valor.

Carlos Merlo avatar
Carlos Merlo


Lo que puedo asegurar, con conocimiento de causa, es que la risa en el trabajo es productiva. Si la risa y la felicidad se relacionan, estoy de acuerdo. La felicidad en el trabajo es productiva.
Deberíamos estudiar con seriedad esto de la risa.

Saludos a todos

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Estoy de acuerdo. La risa es algo muy serio :-D
Un saludo.

Tania avatar
Tania


Muy buen artículo! Perfecto para imprimirlo y ponerlo en el trabajo! :D
.-= Lo último en el blog de Tania ..Facebook no te lo impide =-.

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Muchas gracias. Aprovecha, que está bajo licencia Creative Commons y no va a ir la SGAE a por ti :-P

JoseLopezPonce avatar
JoseLopezPonce


José Miguel, una excelente entrada que sintetiza en una lectura de cinco minutos lo que podemos encontrar en “sesudos” manuales sobre manager.

Es cierto que en muchas organizaciones se vive en un estado de urgencia permanente y sumidos en una velocidad de vértigo que muchas veces no conduce a nada… el fluir es visto como una perdida de tiempo.

Sinceramente, reitero mis felicitaciones por esta entrada
Un cordial saludo
.-= Lo último en el blog de JoseLopezPonce ..La actividad y la dinámica de la Web Social al segundo =-.

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Muchas gracias, José.
Tengo una entrada en mi jardín de ideas sobre la verdad de las prisas y las urgencias. Aún tengo que "darle un par de vueltas" pero es un tema que me llama mucho la atención.
Un abrazo.

Oliver Serrano avatar
Oliver Serrano


Llego un pelín tarde al debate, pero quería animarme a comentar. Me has recordado algunos momentos de mis felices años de infancia. Mi abuelo paterno era un excelente pintor, reproducía magníficamente bien cuadros de Goya, Sorolla y otros pintores de su categoría.

Como estaba mucho en casa de mis abuelos, aparte de enseñarme a jugar al tute me enseñó a pintar; cogíamos algún libro de láminas de pintura y me enseñaba las técnicas básicas para plasmar un cuadro.

Pero lo más curioso, y es lo que viene al caso, es que mi abuelo me echaba la bronca porque iba muy rápido, estaba tan ansioso por terminar el cuadro que quería hacerlo todo "ya", sin detenerme a observar y mejorar la técnica que tenía que usar para obtener un buen resultado final.

Me di cuenta que lo bonito era disfrutar de cada paso (hacer un esquema a lápiz, escoger el pincel adecuado, mojarlo un poco, hacer una mezcla adecuada de colores...), es decir, ser de alguna manera "feliz" durante el proceso y no esperar sólo al resultado final.

Creo que lo que he contado está bastante relacionado con la entrada y con lo que has dicho acerca del cortoplacismo. Lo queremos todo ya, y mucho peor, a veces lo queremos para ayer, sin darnos cuenta de que la felicidad en el trabajo puede residir en las cosas bien hechas durante el proceso.

A ver si un día de estos vuelvo a pintar...

Saludos

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Me gusta mucho lo que comentas sobre el proceso. Creo que esa es la clave de la felicidad; no entenderla como una meta, sino como un camino. Las culturas de las empresas están por lo general orientadas únicamente al logro del objetivo, prestando escasa atención al proceso. Puede que esa sea una de las áreas clave en las que trabajar también para mejorar la felicidad en el trabajo.
A ver si un día de estos vuelves a pintar... :wink:

Eugenio Moliní avatar
Eugenio Moliní


Me encanta tu entrada sobre la felicidad en el trabajo. Aunque hay algo que no dices expresamente, pero que me parece leer entre líneas: que la felicidad en general, y en el trabajo específicamente, es un derecho. Perdóname si me imagino lo que no está ahí,en cuyo caso en la líneas que siguen estaré argumentando contra mis alucinaciones, lo que se acerca a un diagn´stico psiquiátrico. No considero que la felicidad sea un derecho. A lo que sí tenemos derecho las personas es a la búsqueda de la felícidad, sin garantías de que la búsqueda sea fructífera. Aunque también depende de lo que cada uno considere es la felicidad. Las consecuenciuas prácticas de esta diferencia es que si no eres feliz en una organización, no intentes cambiarla ni esperes a que te lo vayan a arreglar tus jefes. Simplemente te despides y te vas a buscarla a otros pastos. La mayor resistencia al cambio es siempre la aceptación de una masa crítica de empleaqdos de situaciones que los impiden buscar la felicidad. Otro gallo nos cantaría si las personas simplemente se fueran. La vida es demasiado cortita como para desperdiciarla en organizaciones que nos impiden buscar la felicidad.
.-= Lo último en el blog de Eugenio Moliní ..Barcelona Open Space on Open Companies =-.

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Muchas gracias, Eugenio. No tengo claro si es o no un derecho, pero desde luego sí es una opción y, en mi opinión, una opción que merece la pena buscar. Estoy de acuerdo contigo en que no tiene sentido intentar cambiar a tus jefes y que probablemente lo que tiene más sentido cuando la felicidad no es posible en un entorno determinado es un cambio de aires. La entrada pretende ser una reflexión sobre la contradicción que veo entre la aparente preocupación de las empresas por la felicidad de sus empleados y la realidad de unas prácticas que van contra la línea de flotación de la misma.

belen avatar
belen


Ser feliz en el trabajo implica ser muy productivo.
Mi experiencia viviendo fuera de España varios años y trabajando con un equipo internacional me ha enseñado que ser feliz en el trabajo significa que : confien en ti, que te permitan cierta flexibilidad, que te apoyen para conciliar vida familiar y trabajo, que te alas para añadir creatividad a tus tareas, que una reunión planificada de 12h a 13h empiece a las 12:05 y acabe a las 12:58h, que los viernes nos tomemos una copa juntos en el bar de la esquina, que el jefe del dpto. nos invite a una barbacoa el fin de semana,etc.. hay mucho que aprender

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Me ha encantado leer tu comentario. He trabajado en posiciones europeas los últimos años y, aunque seguía viviendo en España, he pasado muchos días al año en el extranjero y he podido experimentar en primera persona muchos de esos pequeños pero trascendentales detalles que comentas. Sin duda, todo un mundo por aprender...

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